SIEMPRE HAY QUE CAMBIAR EL AGUA DEL CUBO
DE LA FREGONA
(Palabras por T. Sanfeliu)
Yo estaba
ahí sentado, en mi silla favorita. Lo observaba dormir escuchando todos los
sonidos de la noche. Pero sin querer me puse triste, como esa melancolía que te
da el olor del café a mediodía o el sonido del viento un anochecer de inverno.
Igual que cuando oyes ladrar a un perro en medio de la noche, o hueles el sol
evaporando una tormenta de verano. El silencio es ilusorio, dijo. Por lo menos
hasta que tu corazón deje de palpitar. Eso me dijo. Que ni en el lugar más
remoto del planeta existía, ni en el pozo más profundo, ni siquiera en la luna.
Solo después de ser arrollado por un camión podías escucharlo. O si te disparan
en la cabeza. Claro que entonces ya no tiene gracia porque estás muerto. Él
sabía muchas cosas antes. Un día, cuando estábamos en el acuario me dijo que
los tiburones solo te muerden si tienen hambre, pero si no, no te muerden, te
dejan seguir nadando tranquilamente. Me contaba cosas siempre, que si la tierra
no es exactamente redonda, que si los peces no necesitan cerrar los ojos porque
están rodeados de agua, que si los niños no vienen con una cigüeña. A mi me
gustaba escucharlo. Pero viéndolo dormir parecía un poco estúpido y viejo.
Porque ya era muy viejo y eso también lo hacía estúpido. Así que imagine usted
cuan estúpido parece un viejo durmiendo. Y a mi me pusieron triste los sonidos
de la noche porque la vecina estaba limpiando el suelo y me recordaba a mi
madre. Una señora muy buena, mi madre. Siempre limpiaba el suelo. Lo hacía
mucho, de verdad, más de tres veces al día. Porque era muy limpia. Y siempre
cambiaba el agua del cubo antes de fregar porque decía que si no la mierda del
fregado anterior ensuciaba el nuevo fregado. Y tenía razón porque yo un día lo
hice cuando vomité un vaso de leche en mi habitación, que me entró mal porque
antes no sabía que no soportaba la leche, y después no queda limpio del todo.
Soy intolerante a la lactosa. Y como un día mi abuelo me dijo que las paredes
eran de papel, se escuchaba muy intensamente a la vecina limpiar su casa.
Porque seguramente el techo también era de papel. Me dieron ganas de llorar y
después me puse nervioso porque no quería despertar a mi abuelo, porque tiene
insomnio y si se despierta ya no puede dormir más. Entonces yo tengo que
despertarme con él porque ya no puede hacer las cosas solo y es peligroso
porque se puede caer por la ventana. Eso me dijo el médico pero yo no me lo
creí, porque nadie se cae por la ventana. La gente se tira por la ventana pero
no se caen, y mi abuelo no quería tirarse porque me lo dijo. Pero tengo que
estar despierto porque también se puede quemar con el horno o resbalar en el
cuarto de baño. Me puse tan nervioso que me dieron más ganas de llorar todavía,
porque la vecina no paraba de fregar y a mi me recordaba a mi madre, que estaba
escuchando el silencio en alguna parte. No recuerdo nada más hasta que me
desperté y supe que el médico tenía razón con lo de la ventana. O que mi abuelo
me había mentido, señor policía, pero es extraño porque mi abuelo nunca mentía.
Debía de ser la primera vez que lo hacía, pero podría haberme avisado antes.
¿Sabe que la gente intolerante a la lactosa tampoco podemos comer queso? Yo no
como queso.
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